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S.A.L.V.A: la idea que nació de una improvisación y terminó en una amistad

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Una idea que surgió casi por accidente terminó llevando a Derek Osvaldo Ríos Gamboa y Barlow Gil Samaniego García a ganar la categoría Salud de la primera edición de Ciencia, Innovación y Tecnología, un programa del Ayuntamiento de Hermosillo en colaboración con Dimex Ideas.

S.A.L.V.A., un prototipo de sistema para la reducción de tiempos de respuesta en situaciones de emergencia, comenzó a tomar forma cuando ambos tuvieron que trabajar juntos para encontrar una solución al reto que tenían frente a ellos.

No se conocían antes de participar. Tampoco tenían claro cuál sería el proyecto que desarrollarían. Lo que sí encontraron en el camino fue una forma de trabajar juntos, resolver problemas y, finalmente, una amistad que hoy los lleva a pensar en volver a participar como equipo en la segunda edición de la convocatoria.

Llegaron por razones distintas

Barlow, de 15 años, llegó a la convocatoria con la intención de aprender y conocer nuevas personas. Derek, de 17 años y estudiante de Ingeniería Biomédica en el Instituto Tecnológico de Hermosillo, encontró en la convocatoria la oportunidad de crear algo por cuenta propia.

“Era mi primera oportunidad de idear algo por mi cuenta sin tener ayudas externas y ese fue el detonante.”

Todavía no se conocían bien y ninguno imaginaba que terminarían formando un equipo. Mucho menos que, después de compartir semanas de trabajo, resolver problemas y sacar adelante un proyecto juntos, aquella experiencia también daría paso a una amistad.

De una lluvia de ideas nació S.A.L.V.A.

El equipo inicial era más grande y las primeras sesiones estuvieron llenas de propuestas. La necesidad de encontrar una solución para la categoría Salud los llevó a pensar en uno de los principales problemas de una emergencia: el tiempo que transcurre entre que una persona necesita ayuda y logra solicitarla.

También comenzaron a pensar en comunidades con dificultades para acceder a telefonía, internet o redes móviles.

La solución que encontraron fue sencilla: un botón capaz de activar una llamada de auxilio.

“Así que pues dijimos, es un botón y ya. Y ahí nació S.A.L.V.A.”, asegura Barlow. 

El nombre surgió prácticamente al mismo tiempo que la idea. S.A.L.V.A. buscaba representar un Sistema Automatizado de Llamada Vital de Auxilio.

El proyecto ya tenía nombre. Ahora tenían que descubrir cómo construirlo.

 

Trabajar juntos también fue parte del reto

Derek y Barlow llegaron al proyecto sin ser amigos. Apenas se conocían cuando comenzaron a trabajar en S.A.L.V.A ., pero durante las semanas siguientes tendrían que aprender a ponerse de acuerdo, repartir tareas y encontrar la manera de sacar adelante una idea que todavía estaba lejos de convertirse en un prototipo.

El proyecto los obligó a conocerse mientras trabajaban.

Cada sábado significaba volver a intentarlo: pensar qué faltaba, probar una solución, descubrir un error y buscar la manera de corregirlo. Y aunque la convocatoria les daba un espacio para desarrollar su proyecto, las condiciones de trabajo también marcaron el ritmo de lo que podían hacer.

Tuvieron materiales limitados, un equipo de trabajo que poco a poco se fue reduciendo y una restricción que terminó pesando especialmente: no podían llevarse los materiales a casa para continuar avanzando.

“No podían llevárselo, no podían trabajarlo en casa, estaban limitados a trabajarlo aquí. Y eso fue una dificultad enorme porque avanzábamos mucho menos con respecto a los demás.”


Para Barlow, aquello significaba que muchas veces llegaban al siguiente sábado con poco tiempo para resolver lo que había quedado pendiente. Lo que otros podían continuar durante la semana, ellos tenían que retomarlo hasta volver al espacio de trabajo.

Aun así, siguieron avanzando.

Y los problemas no terminaron ahí. En una de las sesiones, la computadora que utilizaban para programar se apagó inesperadamente, sumándose a una lista de pequeños contratiempos que fueron apareciendo mientras construían el prototipo.

El proyecto avanzaba entre errores, reparaciones y nuevas pruebas. Nada parecía ocurrir exactamente como lo habían planeado.

“Fue un desastre total en lo que fue la planeación, pero resultó.”

Al final, esa improvisación terminó formando parte de la historia de S.A.L.V.A. Pero también de la relación entre ellos.

Mientras intentaban resolver cada problema, Derek y Barlow fueron encontrando una forma de trabajar juntos. Las horas frente al prototipo, las dificultades técnicas y las decisiones que tenían que tomar terminaron haciendo algo que ninguno de los dos había previsto al comenzar: convertir a dos desconocidos en amigos.

El último problema apareció antes de presentar

El prototipo finalmente estuvo listo, aunque prácticamente hasta el final del proceso.

Después de semanas de trabajo, todavía quedaban detalles por resolver. Uno de ellos era encontrar una forma de colocar el dispositivo para que pudiera presentarse frente al jurado.

Derek recurrió entonces a algo tan sencillo como lo que tenía disponible en casa. Adaptaron una caja para poder colocar el prototipo y continuar con la presentación.

Parecía que, después de tantos problemas, finalmente habían llegado al momento esperado.

Pero el día de la presentación todavía les tenía preparada una última prueba.

Minutos antes de pasar frente al jurado decidieron revisar nuevamente que todo funcionara. Era una comprobación sencilla, de esas que se hacen justo antes de presentar algo en lo que se ha trabajado durante semanas.

Y entonces, no funcionó.

“Lo levanto, le pico el botón y no funciona.”, asegura Barlow. 

Por un momento, todo el trabajo podría quedar comprometido por un detalle.

Tuvieron que salir a buscar un destornillador y revisar nuevamente el dispositivo. Al abrirlo descubrieron que el problema no era una falla mayor, solo se había desconectado un cable.

La herramienta que necesitaban terminó apareciendo gracias al conserje.

“La suerte es que el conserje tiene su mochila propia y tenía un destornillador ahí.”, recuerda con diversión Derek. 

Lo repararon y volvieron a probarlo.

Esta vez funcionó.

El prototipo estaba listo y ellos también.

 

Una presentación con datos y humor

Cuando finalmente llegó el momento de explicar S.A.L.V.A. ante el jurado, los dos querían que la presentación reflejara el trabajo que habían realizado, pero también buscaban una manera de conectar con quienes los estaban escuchando.

Por eso decidieron no quedarse únicamente con los datos técnicos. Incorporaron algunos elementos de humor, incluso un meme, como parte de una exposición que buscaba ser profesional sin resultar distante.

La idea era que el proyecto pudiera entenderse independientemente de cuánto conocimiento técnico tuviera quien estuviera frente a ellos.

“Queríamos que fuera algo ameno para que tanto expertos como inexpertos vieran profesionalismo, pero a su vez algo tan amigable que se pueda entender.”

Para ellos, el humor no estaba separado de la información. Tenía una función y era ayudar a comunicarla.

“Hay que darle sentido al meme para que de verdad estés informando a alguien.”

Así, entre datos, explicaciones y alguna que otra broma, presentaron S.A.L.V.A. ante el jurado.

Después de semanas de pruebas, errores y cambios, finalmente podían mostrar el resultado de todo ese trabajo.

De compañeros de proyecto a amigos

Cuando comenzaron, ninguno de los dos sabía que el proyecto terminaría modificando también su relación.

Eran dos jóvenes que habían coincidido en una convocatoria y tuvieron que aprender a trabajar juntos. Con el paso de las semanas, esa colaboración se fue construyendo alrededor de las horas de trabajo, los problemas que aparecían y las decisiones que tenían que resolver entre ambos.

La amistad no llegó de un día para otro. Se fue formando en el proceso.

Por eso, cuando Derek recuerda la experiencia, el orgullo no está únicamente relacionado con el resultado final o con haber obtenido un reconocimiento. También está en lo que lograron construir juntos.

“Lo que me hace sentir más orgulloso en mí es que mi compañero y yo hayamos creado esa idea y poderla haber presentado y haber ganado.”

S.A.L.V.A. terminó siendo mucho más que un proyecto de seis sábados. Fue una experiencia en la que tuvieron que aprender, equivocarse, improvisar y confiar en el trabajo del otro.

Y en medio de todo eso, dos compañeros de proyecto terminaron convirtiéndose en amigos.

Ahora, después de aquella primera experiencia, ambos contemplan volver a participar juntos en la segunda edición de Ciencia, Innovación y Tecnología.

Lo que se llevaron de la primera edición

El reconocimiento fue solo una parte de lo que cada uno obtuvo de la experiencia.

Para Barlow, el proceso significó fortalecer sus conocimientos en electrónica y programación, pero también enfrentarse a algo que antes le resultaba complicado: hablar frente a otras personas.

Presentar su proyecto tantas veces y explicar lo que habían construido le permitió ganar seguridad.

“Yo antes batallaba mucho para exponer y luego después de ahí se me hace todo más fácil cuando expongo.”

Para Derek, en cambio, la experiencia dejó una inquietud que continuó incluso después de que terminó el proyecto.

Participar, construir y ver que una idea podía convertirse en algo tangible despertó en él nuevas ganas de inventar.

“Fue algo como que un boom mental, diría que fue un hambre por inventar.”

La inquietud no se quedó en una idea pasajera. Poco después de terminar la competencia, comenzó a llenar una libreta con nuevos inventos, planos y conceptos.

“Literal, apenas pasó un minuto, ya tenía una libreta y empecé a llenarla de inventos.”

S.A.L.V.A. había terminado, pero el impulso de crear apenas comenzaba.

Un consejo para quienes están por comenzar

Ahora que una nueva generación de participantes está por vivir su propia experiencia en Ciencia, Innovación y Tecnología, Derek y Barlow miran hacia atrás y encuentran algo que les hubiera gustado saber antes de comenzar.

Barlow recomienda disfrutar el proceso y ponerle empeño al proyecto.

Derek por su parte, aprendió que no siempre se puede llegar con una idea completamente definida de lo que va a ocurrir.

“Nunca esperes nada porque si tú vienes con la expectativa de que tú vas a hacer tal cosa nunca va a ser así.”

Su propia experiencia lo demuestra.

S.A.L.V.A. no terminó siendo exactamente lo que pudieron haber imaginado al principio. La idea fue cambiando conforme aparecieron nuevos problemas, nuevas soluciones y nuevas posibilidades.

Lo que comenzó como un proyecto que tenían que sacar adelante terminó convirtiéndose en una experiencia mucho más amplia.

“Nosotros llegamos con una expectativa y terminamos con algo que literalmente va a ser una improvisación.”, finaliza Barlow. 

Quizá esa sea una de las cosas que más recuerden de aquella primera edición: que no todo salió como estaba planeado y que, aun así, lograron llegar hasta el final.

Ahora tienen nuevas ideas, una amistad que nació durante el proceso y la posibilidad de volver a trabajar juntos.

Y si algo les enseñó S.A.L.V.A., es que una buena idea no siempre comienza con un plan perfecto.

A veces comienza con dos personas que apenas se conocen, algunos materiales, varios problemas por resolver y la disposición de seguir intentando.

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