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Rodolfo Farías: una idea, un error y la confianza para seguir innovando

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A sus 14 años, Rodolfo Farías llegó a la primera edición de Ciencia, Innovación y Tecnología con una idea que comenzó a tomar forma desde su interés por la robótica y la construcción de proyectos. 

Junto con Alexa Uriarte, desarrolló Sautirrana, un prototipo de sistema automático de irrigación analógica pensado para evitar el desperdicio de agua en el riego de parques y jardines públicos.

Su proyecto obtuvo el primer lugar en la categoría Agua, pero para Rodolfo el camino hasta ese momento estuvo lleno de dudas, aprendizaje y también errores.

La convocatoria llegó a él a través de una publicación de Dimex Ideas. Ya había conocido la organización algunas semanas antes y, al encontrarse con la oportunidad de participar, decidió intentarlo.

“Me interesó mucho. Mis padres me apoyaron en el poder entrar y, sobre todo, como me gusta mucho la robótica, el construir cosas, creo que por eso también elegí entrar”, cuenta.

El nombre de su proyecto también nació de una idea sencilla. Rodolfo quiso combinar el nombre de un animal acuático con las siglas de Sistema Automático de Irrigación Analógica, hasta convertirlas en Sautirrana.

 


Pero una vez dentro de la competencia, apareció una mayor dificultad. Rodolfo era uno de los participantes más jóvenes y se enfrentaba a equipos integrados por estudiantes universitarios, algunos de ellos con formación en áreas como mecatrónica y software.

“Tenía mucho miedo al principio porque muchos, como otros dos equipos, tenían la misma idea que nosotros”, recuerda.

La diferencia, explica, estaba en la manera en que cada equipo había planteado su solución. Mientras otros proyectos almacenaban información y utilizaban plataformas digitales, Sautirrana apostaba por una solución más sencilla.

Aun así, los conocimientos técnicos de los demás participantes hicieron que Rodolfo dudara de sus posibilidades.

“Sí sentía miedo porque muchos de estos estudiaban mecatrónica, sistemas de software, y ellos sabían más sobre la codificación”, relata.

El error que pudo cambiarlo todo

Llegó el momento de presentar Sautirrana. Rodolfo recuerda que antes de entrar al auditorio oró y trató de prepararse para lo que venía.

Entonces ocurrió algo que ningún ensayo podía prever.

Durante la presentación movió accidentalmente un cable y la maceta que formaba parte de su demostración cayó. El agua y la tierra terminaron afectando el sistema y provocaron un corto.

En lugar de detenerse, Rodolfo decidió continuar.

“Solo dije que es un error, que siempre pasa cuando uno está innovando y cuando está creando nuevas cosas.”

Ese momento terminó convirtiéndose en uno de los aprendizajes más importantes de toda la experiencia. Para Rodolfo, enojarse ante un error no solucionaría lo ocurrido.

“El enojarte no te va a llevar a nada. El enojarte, patear algo, pues no va a solucionar nada.”

La presentación continuó y, cuando llegó el momento de anunciar al equipo ganador, Rodolfo tampoco esperaba escuchar su nombre.

“Realmente no me lo podía creer”

Frente a él estaban proyectos con fortalezas diferentes y participantes con más experiencia. Por eso, Rodolfo no daba por hecho que Sautirrana sería elegido.

“Cuando anunciaron que íbamos a ganar, realmente no me lo podía creer, porque viendo a los otros equipos, tenían mucho potencial.”

Para él, parte de la fortaleza de su equipo estuvo en la forma de explicar el proyecto. Alexa se encargó de explicar los problemas que buscaban atender y, durante la presentación, no recibieron dudas por parte de los jueces.

También estaba aquel juego de palabras que dio nombre al proyecto y que, considera, aportó una parte importante a la propuesta.

Pero Rodolfo reconoce que hubo otro elemento que marcó la diferencia: la manera en que enfrentó el error durante la presentación.

Rodolfo busca aprender de los errores

Más allá del trofeo, Rodolfo se queda con una idea que ahora forma parte de su manera de entender la innovación.

“Que los errores pasan a menudo, que podemos aprender de ellos, y sobre ellos construir nuestra versión final de lo que queremos lograr.”

La experiencia también le permitió desarrollar habilidades que no tenía cuando comenzó. Rodolfo aprendió las bases de la codificación y, aunque al principio no sabía programar, decidió buscar tutoriales, revisar otros proyectos y tratar de entender cada parte del código que estaba utilizando en Sautirrana.

El proceso también le ayudó a mejorar la manera en que presenta sus ideas, especialmente el contacto visual, algo con lo que reconoce que al principio tenía dificultades.

Para él, esos aprendizajes pueden acompañarlo en el futuro. Le gustaría estudiar una ingeniería y continuar desarrollando proyectos que puedan mejorar su entorno.

“Me gustaría mejorar donde yo vivo, mejorar mis alrededores para mejorar esta ciudad más de lo que ya está, y también me gustaría mucho hacer ya de grande, trabajar en algo que pueda ayudar a la humanidad en general.”

Una invitación a intentarlo

Ahora que la segunda edición de Ciencia, Innovación y Tecnología abre una nueva oportunidad para que otros jóvenes presenten sus ideas, Rodolfo tiene claro qué les diría a quienes podrían sentirse intimidados por la edad o experiencia de otros participantes.

“Que no siempre la edad, no siempre que gente más grande o que sepa más que tú, eso no significa que vayan a ser mejores que tú, y simplemente sigue con el sueño, porque nunca sabes en dónde vas a terminar.”

Él mismo llegó pensando que probablemente no ganaría. Terminó con un proyecto reconocido en la categoría Agua y con una experiencia que, más allá del resultado, le confirmó que una idea puede crecer cuando alguien decide trabajar en ella, incluso cuando las cosas no salen como esperaba.

“Yo pensé que no iba a ganar, sinceramente, y terminé ganando.”

Para Rodolfo, participar también representa una oportunidad para que cada joven muestre aquello que le interesa y le apasiona. No todos tienen que llegar con la misma experiencia ni con los mismos conocimientos.

“Yo le diría que es una gran oportunidad para demostrar realmente quién eres y lo que te apasiona.”

Y quizá esa sea una de las principales lecciones que deja su historia es que la edad no determina hasta dónde puede llegar una idea. A veces, basta con animarse a construirla, aprender en el camino y no detenerse cuando algo falla.

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