Educación STEAM

La brecha de género en STEM empieza en la primaria: esto encontró UNICEF (y qué puedes hacer a tiempo)

Niñas realizando un experimento de botánica.

Si tienes una hija en la primaria, seguramente la has visto llena de preguntas: por qué llueve, cómo vuela un avión, qué hay dentro de una pila. Esa curiosidad es exactamente la materia prima de la ciencia. El problema es que, según la evidencia más reciente, muchas de esas niñas dejan de verse a sí mismas como científicas mucho antes de llegar a la prepa. La brecha de género en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) no aparece de golpe en la universidad: se va formando desde los primeros años de escuela, y por eso conviene entenderla y acompañarla a tiempo.

Un nuevo estudio de UNICEF México, publicado en 2026, puso números y testimonios a algo que muchas familias intuían. Aquí te contamos qué encontró, por qué la primaria es una etapa clave y, sobre todo, qué cosas concretas pueden hacer las mamás y los papás en casa para que sus hijas (y también sus hijos) no apaguen esa curiosidad.


Qué dice el nuevo estudio de UNICEF sobre la brecha de género en STEM

El documento se llama “Barreras de inclusión, participación y acceso de niñas a STEM” y es un estudio de conocimientos, actitudes y prácticas hecho en 11 ciudades de México: Tijuana, Mexicali, Ciudad de México, Chihuahua, Ciudad Juárez, Toluca, Acapulco, Chilpancingo, Guadalajara, Monterrey y San Luis Potosí. La muestra abarcó primaria, secundaria y media superior, justo para ver en qué momento del camino se abre la brecha.

El dato que más pega es de opinión temprana: de acuerdo con la información retomada por UNICEF, a los 15 años el 28% de los niños dice querer estudiar ciencias o ingenierías, contra apenas el 9% de las niñas. Y cuando esas generaciones llegan a titularse, el desbalance sigue: en el ciclo escolar 2021-2022 egresaron cerca de 175,000 estudiantes de carreras STEM en instituciones públicas, pero solo el 34.5% fueron mujeres, según cifras oficiales citadas por Naciones Unidas en México. La conclusión del informe es clara: para cuando se elige carrera, la decisión ya venía cocinándose desde mucho antes.


Por qué la primaria es el momento que más pesa

Aquí está el punto que a veces se nos escapa. La brecha no es que a las niñas les cueste más la ciencia. El propio informe de UNICEF sobre formación técnica, elaborado junto con la OIT y Movimiento STEM, lo dice sin rodeos: las niñas son buenas en ciencias y matemáticas, pero reportan más inseguridad sobre sus propias capacidades. O sea, el freno no está en la habilidad, está en la confianza y en los mensajes que reciben.

Y esos mensajes empiezan tempranito. Un comentario tipo “eso es de niños”, un juguete de ciencia que siempre llega primero al hermano, o simplemente no conocer a ninguna mujer científica, van moldeando lo que una niña de 8 o 9 años cree posible para ella. En la primaria todavía manda la curiosidad; para la secundaria, muchas ya se autoexcluyeron. Por eso actuar a tiempo, cuando la duda todavía se puede desarmar, hace toda la diferencia.


Las tres barreras que frenan a las niñas

El estudio agrupa los obstáculos en tres grandes tipos, y vale la pena conocerlos porque cada uno se combate distinto:

Barreras estructurales. Tienen que ver con el sistema. El personal docente entrevistado reportó una reducción en las horas dedicadas a materias STEM y falta de maestras y maestros para dar matemáticas. En 8 de los 11 estados también se detectó carencia de infraestructura y equipo para talleres de robótica o computación, según la cobertura de Fábrica de Periodismo.

Barreras sociológicas. Son las de casa y la comunidad: el encasillamiento de las mujeres en roles de cuidado y los comentarios que desalientan. El informe alerta que 4 de cada 10 estudiantes mujeres no perciben un refuerzo positivo de su familia para su aprendizaje en STEM. Aquí la buena noticia es que las familias también somos parte de la solución.

Barreras psicológicas. La falta de referentes. En varios estados, muy pocas estudiantes lograron nombrar a una sola mujer científica. Si no la ves, cuesta imaginarte ahí. Por eso mostrar ejemplos reales, cercanos y posibles funciona tanto.

 

Tener referentes y experiencias prácticas ayuda a que las niñas se imaginen a sí mismas en la ciencia. Foto: Dimex.
Tener referentes y experiencias prácticas ayuda a que las niñas se imaginen a sí mismas en la ciencia. Foto: Dimex.


Qué pueden hacer las familias a tiempo

La parte esperanzadora del estudio es que la brecha se puede acortar, y buena parte del trabajo se hace en casa, sin necesidad de un laboratorio. Algunas ideas sencillas que sí mueven la aguja:

Toma en serio sus preguntas. Cuando tu hija pregunte por qué llueve o cómo funciona algo, en lugar de dar la respuesta de inmediato, regrésale la pregunta: “¿tú cómo crees?”. Eso entrena el hábito de investigar antes de concluir.

Cuida el lenguaje. Evita el “eso es de niños” y reparte por igual los juguetes de armar, los kits de ciencia y las tareas que impliquen construir o medir, entre niñas y niños. Los mensajes chiquitos, repetidos, son los que más pesan.

Dale referentes. Busquen juntas historias de mujeres en la ciencia y la ingeniería, tanto famosas como cercanas. Ver a alguien parecido a una haciendo lo que le gusta es un empujón enorme para la confianza.

Deja que se equivoque. La ciencia es prueba y error. Un experimento que “sale mal” no es un fracaso, es un dato. Aprender a normalizar el error protege justamente esa seguridad que el estudio encontró tan frágil en las niñas.

Y algo de fondo: convierte la curiosidad en método. Observar, preguntar, probar y sacar conclusiones se puede practicar, igual que un deporte. A eso se le llama educación STEM o STEAM, y de la mano de estrategias como el aprendizaje basado en proyectos se vuelve algo natural.


El pensamiento científico no se hereda, se entrena

Este es el corazón del asunto. El pensamiento científico no es un talento con el que se nace: es una herramienta que puede y debe desarrollarse desde una edad temprana, con práctica y con acompañamiento. Cuando una niña aprende a formular preguntas, diseñar un pequeño experimento, analizar qué pasó y contarlo, deja de preguntarse si “es buena para esto” y simplemente lo hace. Ahí es donde la brecha empieza a cerrarse.


En Dimex trabajamos exactamente eso con niñas y niños de primaria en nuestro curso Pensamiento Científico: De la Teoría a la Práctica. Son más de 20 experimentos de física, química, biología, robótica e ingeniería, pensados para que participen con las manos, se equivoquen sin miedo y descubran que la ciencia también es para ellas.
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La brecha de género en STEM empieza chiquita, en la primaria, casi sin que nos demos cuenta. La buena noticia es que también se combate chiquito: con preguntas bien recibidas, con referentes, con permiso para equivocarse y con oportunidades reales de meter las manos en la ciencia. A tiempo, todavía se puede.






Referencias

Fábrica de Periodismo. (2026, 6 de marzo). Persisten barreras en la inclusión de niñas y adolescentes en ciencia y tecnología. https://fabricadeperiodismo.com/noticias/ninas-stem-educacion/

Naciones Unidas en México. (2026, 9 de abril). Barreras de inclusión, participación y acceso de niñas a STEM.https://mexico.un.org/es/313413-barreras-de-inclusion-participacion-y-acceso-de-ninas-stem

UNICEF México. (2026). Barreras en la inclusión, participación y acceso de las niñas y adolescentes a las disciplinas STEM: estudio de conocimientos, actitudes y prácticas en 11 ciudades de México.https://www.unicef.org/mexico/informes/barreras-inclusion-participacion-ninas-stem-mexico

UNICEF, OIT y Movimiento STEM. (s.f.). Informe sobre la brecha de género en STEM en la formación técnico profesional en México. https://www.unicef.org/mexico/informes/informe-sobre-la-brecha-de-genero-en-stem-en-la-formacion-tecnico-profesional-en-mexico

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