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“No hay imposibles”: el ahorro escolar que abrió la puerta a la ciencia en una primaria pública de Sonora

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En la Escuela Primaria General Ignacio Pesqueira, una estrategia nacida desde la dirección escolar permitió reunir recursos para que 100 estudiantes ingresaran al programa de ciencia de Dimex Ideas.

La llegada de los clubes de ciencia a la primaria
General Ignacio Pesqueira en Hermosillo, Sonora, no comenzó con un recurso asegurado ni con un presupuesto previsto. Comenzó con la decisión de no dejar pasar una oportunidad que podía cambiar la experiencia de aprendizaje de sus estudiantes.

“No teníamos dinero para el proyecto, pero dije, ‘Yo no puedo dejar pasar este gran acontecimiento histórico en el aprendizaje de los niños’”, recuerda Azucena García, directora de la primaria.

Para entonces, la escuela ya había recorrido tres años impulsando proyectos propios, primero una ludoteca, después un aula sensorial y más tarde un laboratorio STEAM que hoy forma parte de su día a día. 

 

La idea que hizo posible la llegada de los clubes de ciencias


La base ya estaba construida con un espacio equipado, docentes involucrados y una comunidad escolar acostumbrada a organizarse para sacar adelante nuevas ideas.

“Necesitamos un espacio donde los niños interactúen con la ciencia, pero de manera real”, declara la directora. 

La oportunidad apareció cuando la maestra Fátima Corral encontró la convocatoria del programa Club de Ciencia Ideas Labs, impulsado por Dimex Ideas para la adopción de escuelas públicas. La escuela decidió postularse y poco después recibió la respuesta, junto con el reto de reunir 40 mil pesos para cubrir cien becas. 

Directora Azucena García y la maestra Fatima Corral.


Sin recursos disponibles y en pleno inicio de año, la directora comenzó a buscar una salida. La idea llegó al recordar una experiencia personal de infancia.

“Cuando era niña gané un premio por ahorrar. Eso no lo he platicado en ninguna en ninguna plataforma. Gané un premio por ahorrar”.

A partir de ese recuerdo, la directora planteó un esquema donde el costo del programa se repartiría entre varios actores. Una parte sería absorbida por la escuela, otra llegaría mediante padrinos y el resto se construiría con el ahorro diario de las familias y de los propios estudiantes.

Así nació la BK_pibara 0.3. 

El sistema de ahorro que entró al aula


Cada estudiante construyó su propio cochinito dentro del aula con materiales sencillos como globo, papel periódico y pintura. El ejercicio formó parte de Capi Ahorro Científico, una dinámica pensada para que el ahorro se integrara a la vida escolar.

Junto a cada cochinito, niñas y niños recibieron una tarjeta simbólica del banco escolar creado para el proyecto, donde se registraba semana a semana el avance de cada ahorro. La meta era reunir 150 pesos por estudiante en diez semanas, a partir de pequeñas aportaciones diarias.

Lo que ocurrió después fue más allá de lo previsto. Algunos estudiantes comenzaron a llevar más dinero del establecido porque querían completar antes su parte o porque decidieron destinar ahorros que ya tenían guardados.

Para mantener el entusiasmo, cada vez que cumplían una meta recibían un distintivo dentro del mismo sistema de ahorro.


“Cuando terminan les damos un PIN”, explicó. El distintivo se entrega a quienes sostienen su ahorro durante el periodo establecido y lleva la imagen del capibara, convertido ya en el emblema del sistema dentro de la escuela.

El respaldo de madres y padres de familia fue un impulso desde el inicio. Acompañaron el proceso, preguntaron por el contenido de los clubes y mantuvieron el compromiso diario junto a sus hijos.

“Los padres de familia se suman a esto, que están entusiasmados, que quieren que sus hijos en verdad quieran aprender otras cosas”.

Al mismo tiempo, la escuela abrió una convocatoria dirigida a exalumnos y padrinos externos para completar el recurso faltante. La respuesta llegó rápido y permitió ampliar el alcance del proyecto.

Para conformar los grupos se abrió un registro interno y se priorizó a quienes mostraron interés por incorporarse a las actividades científicas.


“La elección fue por el interés que tenían los niños en la ciencia y se hizo una inscripción”.

Hoy, dentro del laboratorio, la escena es distinta a la de hace unos meses. Hay estudiantes atentos, concentrados en cada actividad, cuidando materiales y participando con preguntas durante cada sesión.

“Ya entré al laboratorio, observé que hay mucho interés, que hay mucho cuidado, que ahí ese esa garabía, esos silencios, esas preguntas, esa observación y esas ganas que tienen los niños de aprender sobre ciencia”.

 

Una meta cumplida y un proyecto que busca continuar


Para los primeros días de marzo, la escuela ya había alcanzado la meta económica prevista. El ahorro diario, el acompañamiento de las familias y el apoyo de padrinos permitieron completar el recurso antes de que terminara el plazo planteado al inicio del proyecto.

“Estamos muy contentos por eso, porque cumplimos la meta”.

Con esa primera meta alcanzada, la escuela ahora busca fortalecer lo que ya comenzó dentro del laboratorio. Entre los siguientes objetivos están contar con tabletas para cada estudiante, mejorar el equipamiento disponible y dar continuidad al trabajo que ya inició junto a Dimex Ideas.

En la escuela primaria General Ignacio Pesqueira, el laboratorio STEAM forma parte de un proceso que la comunidad escolar ha ido construyendo paso a paso.

La intención ahora es que lo alcanzado este año no se detenga y que el laboratorio siga creciendo junto con nuevas oportunidades para las próximas generaciones.

 

1 comentario

  1. […] respuesta tomó forma en BK_apibara 0.3, un modelo de ahorro escolar que distribuye el costo entre la comunidad y permite que el proyecto […]

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