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Sergio, el niño de 12 años que sueña con ser ingeniero biomédico

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Detectar a un futuro ingeniero entre los niños del Club de Ciencias fue tarea fácil. Sergio Enrique Ojeda López cursa el sexto año de primaria en la escuela Gustavo Adolfo Uruchurtu y, desde que entró a la biblioteca donde la maestra Ana imparte la clase, llamó mi atención.

Llegó acompañado de un grupo de amigos. Eligieron una mesa juntos, pero antes de iniciar, poco a poco, los demás niños comenzaron a cambiarse de lugar hasta que la mesa quedó solo para Sergio y otro compañero.

Fue entonces cuando escuché algo que llamó mi atención.

Al ver el logo de Dimex Ideas, el niño que estaba sentado junto a él preguntó qué significaba el nombre. Sergio respondió de inmediato:

– Es por eso que se llama Desarrollo de Ideas Mexicanas.


No esperaba que un niño de 12 años conociera el nombre completo de la asociación.

Me acerqué a ellos y encontré dos maneras distintas de vivir la clase: Sergio, concentrado y atento a cada explicación; su amigo, más relajado, como si el espacio también fuera una forma de desestresarse.

Entre materiales, proyectos y conversaciones, Sergio comenzó a contarme sobre su interés por la ciencia, sus ideas y lo que imagina para su futuro.

Quiere ser ingeniero biomédico.

Todo comenzó por un videojuego.

“Vi un personaje que tenía una máquina que curaba personas y pensé: a lo mejor eso sí se puede hacer.”

Antes imaginaba inventos inspirados en los videojuegos, pero después comenzó a interesarse por crear tecnología que pudiera ayudar a las personas.


También me habló de los proyectos que realizó durante su experiencia anterior en Dimex. Recordó especialmente un brazo hidráulico que se desarmó incontables veces mientras intentaban levantar un juguete demasiado pesado.

Lo cuenta riéndose.

Para Sergio, equivocarse nunca fue la parte frustrante del proceso. Era parte de la diversión.

Entre risas también recordó una mano robótica que construyeron con servomotores y movimientos programados. En una de las pruebas, el proyecto terminó haciendo un gesto inesperado que hizo reír a todo el grupo.

Cuando le pregunté si los cursos le habían ayudado a decidir qué quiere estudiar, respondió sin dudar:

-Sí.

Y cuando le pregunté cómo había sido su experiencia en Dimex el verano pasado, volvió a responder igual de rápido:

-Muy bien. La neta, sí me divertí.

A veces, la curiosidad empieza con un videojuego. Otras veces, con una pregunta, una clase o un experimento.

Y a veces, en medio de una biblioteca llena de niños, también puedes encontrarte con alguien que ya comenzó a imaginar el futuro que quiere construir.

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