David Alejandro Sánchez León, hoy de 13 años, llegó a Dimex Ideas cuando era más pequeño. Ahí encontró un espacio donde aprender se construye, se prueba y a veces también se rompe.
La primera vez que David llegó a Dimex no sabía exactamente qué esperar. Era algo nuevo, fuera de la dinámica habitual de la escuela. Sin embargo, hubo algo en esa experiencia que se quedó con él.
“La mejor vez que he venido es la primera”, asegura con entusiasmo.
No recuerda un momento en específico, pero sí cómo se sintió desde el inicio. siendo este el primer acercamiento donde la ciencia dejó de sentirse lejana.
Aprender haciendo y un puente que no resistió
Uno de los momentos que más recuerda, porque lo hizo sentirse retado, fue cuando construyeron un puente con palitos. El tiempo era poco y tenían que hacerlo funcionar.
“Sí estaba complicado porque teníamos poquitos palitos y tenías que hacer un puente para soportar algo”.
Durante varios días, el equipo organizó el trabajo, probó distintas formas y ajustó lo que no funcionaba. Cada decisión implicaba pensar cómo rendir lo poco que tenían.
Cuando llegó el momento de probarlo, todos observaron.
“El nuestro se rompió”.
Lejos de cerrarse ahí, el ejercicio siguió después. Tocó mirar otros resultados, identificar diferencias y entender qué cambió entre un intento y otro. El error no fue un final, fue parte del proceso.
Parte de lo que hizo que esa experiencia conectara con él fueron las dinámicas. Lo que encontró fue una forma distinta de aprender, más activa y participativa.
“Mis actividades favoritas…son las actividades interactivas, donde haces cosas”.
En los laboratorios, todo se va resolviendo sobre la marcha, siempre con otros. David participó en espacios como los Community Labs de Ford y TE Connectivity, donde se trabajaban en equipo, compartían ideas y encontraban cómo sacar adelante cada proyecto.
Con el tiempo, algo empezó a cambiar.
“Me gustó más la ciencia”, asegura haber notado David, con cada una de sus participaciones.
Lo que dejó la experiencia
Hoy, David no tiene completamente definido qué quiere ser. Antes imaginaba un camino distinto; ahora, nuevas posibilidades empiezan a aparecer, aunque él prefiera dejarlo “para el futuro”.
Cuando alguien le pregunta cómo fue la experiencia, no necesita explicarlo demasiado. Sonríe y responde:
“Te recomiendo ir, es lo máximo”.
Hoy, además, se siente listo para dar un paso más e iniciar un club de ciencias.
La historia de David no gira en torno a un resultado perfecto. No está en el puente que resistió, sino en haber sido parte del intento.
Está en haber encontrado un espacio donde aprender tiene sentido, donde equivocarse no detiene el proceso y donde la curiosidad empieza a tomar lugar.
A veces, eso es lo que realmente importa. No una respuesta inmediata, sino las ganas de volver, de intentar otra vez y de entender un poco más. En espacios como Dimex Ideas, ese inicio es posible.




